Existe una creencia socialmente instalada: que la felicidad y el trabajo están divorciados ¡Como si la sensación de plenitud y bienestar estuviera restringida durante la jornada laboral! Y aunque para algunas personas sea así, hay que admitir que el trabajo tiene mala prensa.

Por eso, vale la pena preguntarse si el lugar donde pasamos la mayor cantidad de horas de nuestra vida realmente nos cercena la felicidad. La psicología positiva, una corriente enfocada en las emociones positivas, ha explorado los procesos mentales que intervienen en personas que realizan actividades deportivas y artísticas de manera profesional.

El motivo de la elección es que éstos se presuponen como trabajos indiscutiblemente placenteros ¿Alguien pondría en duda que Federer o Messi, disfrutan de su trabajo? Ciertamente no … tampoco se pueden desconocer las presiones personales y sociales que ambos tienen sus empleos y con las que deben saber lidiar.

Volviendo a las investigaciones de la psicología positiva, el gran hallazgo es que los participantes del estudio mencionado atravesaban por un estado al que, el psicólogo Mihalyi Csikszentmihalyi, denominó “Flow”, o fluir, por su semejanza con esta sensación. En él, la persona tiene conciencia plena de lo que se está realizando, pero su grado de concentración es tan elevado que tiene la sensación de fluir.

La clave está en la concentración, que no es otra cosa que la atención dirigida de manera intensa hacia una actividad, estar absorto en lo que estamos haciendo, es decir en el presente, de modo tal que nada desvía nuestra atención. Al concluir, sentimos que el tiempo se ha pasado volando. Es ése, el estado de “Flow”, cuando lo logramos, disfrutamos de lo que estamos haciendo ¿Les ocurrió alguna vez? Seguramente que sí.

¿Es posible que dicho estado suceda con trabajadores en un ámbito corporativo? Felizmente, sí lo es.

Empero, debemos ser conscientes de que el estado de Flow puede parecer mágico, pero no se produce por arte de magia, sino por la combinación de 3 factores:

Objetivos Claros: Las personas necesitan conocer cuáles son sus objetivos y tener sus propias expectativas sobre los mismos, es decir apropiarse de ese reto. Volvamos a deporte, los jugadores los conocen y luchan por ellos.

Contar con retroalimentación inmediata: El colaborador necesita su propia retroalimentación sobre cómo se está desempeñando, al mismo tiempo que está haciéndolo. Es una especie de dialogo interno que se desarrolla en forma paralela mientras está realizando la tarea. Los motivos: primero porque es un factor motivacional, segundo porque refuerza la concentración y en tercer lugar para poder realizar ajustes en caso de ser necesario.

Equilibrar los objetivos con las capacidades individuales: Si los objetivos propuestos están excesivamente alejados de las capacidades de la persona indefectiblemente se producirán conflictos. Tienen que guardar un equilibrio entre el lugar donde se está y donde se quiere llegar. De otra manera la frustración lo arruinará todo.

En suma, podemos disfrutar nuestro trabajo como lo hace un artista o un deportista, ya que como hemos visto se trata de cómo nos enfocamos en lo que hacemos. De esta manera, ser felices en el trabajo se convierte en una utopía posible.